5 Seis miles en 10 días – Parte uno

Nuestra deportista Kari Ramirez, ha tenido una aventura de ensueño para comenzar este 2019. Ha decidido nada más  y nada menos que subir 5 montañas de más de 6mil metros de altura en un periodo de no más 10 días. A continuación Kari nos cuenta como ha sido su experiencia. 

 

Día 1 Laguna verde: nada como llegar a la aventura. O al menos lo sentía así yo. Nueve de la mañana y Mario me manda un audio en donde dice que va llegando al aeropuerto (Calama). Pasan por mi y llega ¡Álvaro ¡. Él es parte de la asistencia de la expedición y fue mi compañero de 2 expediciones … Es un grande en todo sentido.

Pasamos a comprar un par de cosas al supermercado y partimos directo a laguna Santa Rosa a buscar a Caro (asistente y la mejor chef de altura) y a Jamy (Compañero que venía de la Antártica y que venía en busca de 6.000). Luego de esa corta parada, llegamos al lugar que sería nuestra casa por más de una semana: Laguna verde (4.200 mts). Ese mismo día se armó todo (domo y carpas) y Mario me informa que mañana salíamos hacia el Volcán San Francisco (6.018).

Nada como llegar a la aventura o no? 

Días 2 – San Francisco: Desayuno contundente a las ocho de la mañana, café, agua y partimos. Diez de la mañana comienza la marcha para subir, 4,5 km con 890 metros de desnivel positivo.

Muy buenas sensaciones, pensando en que había aterrizado hace 24 horas. Es bien amigable esta montaña, la única dificultad seria su altura. ¡Cumbre! y rápidamente bajamos.  Este era un día “suave”, por eso no describiré nada más. Llegamos a nuestro refugio y Mario no dice que mañana iremos al “Incahuasi”.

Estaba feliz … Pero había leído sobre “la casa del inca”, y parecía no ser un volcán fácil.

Día 3 Una paliza en “La casa del inca”: Desayuno contundente, café, agua y partimos. Iba muy tranquila, aunque sabía que este era un 6.600 y que ahí la cosa es distinta.  Comenzamos a subir a los 5.800 mts, que fue donde llegó la camioneta, y el acarreo se sintió de entrada. Duro duro … Pisaba y caía. Hablé con mi cabeza y me dije: aquí solo hay que tener paciencia y olvidarse absolutamente del tiempo.  Y fue momento de “cantear”, una técnica que se ocupa con el zapato para apoyar y lograr subir en zonas resbaladizas. Iba con Álvaro y Caro que me ayudaron un montón, porque nunca lo había hecho. Lo bueno es que aprendí “rápido” y logré salir de esa zona con aires frescos. Reposamos en la parte de rocas, que pensé que eran pasajeras, pero era la II parte de la ruta. A modo personal, me gusta harto trepar por roca … Pero a esa altura no se me hizo tan divertido. Esa sección era bien dura, a mi modo de verlo, mucha inclinación y a veces un poco de vértigo. Luego de haber salido de la trepa … Venía la parte final que era sin duda la más dura. Llegamos a la parte alta que se ve plana y da la sensación que la cumbre está ahí. Pero la dura verdad era que la cumbre no estaba ni cerca de verse y que los montículos de rocas eran solamente eso.

Ahí, aprovechamos de descansar y le preguntamos a Caro que cuanto quedaba y nos dice que “aún falta” y que está parte era más “mental”. Mario y Jamy se habían adelantado. Caro nos dice que sigamos, que no se siente muy bien, que nos alcanzará. Con Álvaro continuamos y francamente yo venía frita. 6.600 y la altura me había pegado en la cabeza (sin dolor) solo la sensación de ir muy lenta. A lo lejos logramos ver a los chicos y ahí estaba la cumbre. ¡Bien! No queda nada … Pero ¿había que trepar de nuevo? Álvaro iba detrás animándome y Mario se acercó a darme indicaciones de por dónde subir las rocas … ¡Cumbre ¡pedazo de montaña. “La casa del inca” es tremendamente bella pero engañadora con sus más de 3 mini cumbres que parecen ser, pero no son. Descansamos harto rato arriba, el clima nuevamente nos acompañó. Hora de bajar … Y fue la bajada más sufrida que he tenido. Me había quedado cero baterías y me caía bajando. Álvaro me animó toda la bajada, fue una pieza clave respecto a mi “integridad”. Iba tan mal, que no era capaz de tomar los bastones, así que los guarde. Al fin llegue y me largue a llorar con Mario. Me encanta bajar, pero pucha que sufrí.

La mejor cerveza que me he tomado, la hice llegando a Laguna verde, luego de un día gloriosamente duro. Pero el “descanso” duró nada, porque mañana que era día de descanso, fue cancelado por otro volcán. Ja , había que darle.

Día 4:  Estaba bien, no tan cansada, pero un poco … Lo interesante es que así y todo el grupo anduvo bien. Ese día tocaba ir al Volcán Ermitaño (6.146).

La primera parte bien acarreada, pero después ya se ponía bastante amable. Nuevamente el clima estuvo increíble. Lo interesante de este día es que mientras iba en subida, logre pensar varias pequeñas conclusiones:

  1. Que el cuerpo se había adaptado súper bien.
  2. Que mirar y centrarme en la cumbre, no me servía.
  3. Tener noción del desnivel, ayuda mucho más ha realizar un cálculo de tiempo que los km.
  4. La alimentación e hidratación, pre-durante y post fue clave para darle un tercer día de movimiento al cuerpo.
  5. Ya me sentía mucho más segura de cómo se iba comportando mi cuerpo en la altura.

Llegamos y logramos cumbre … Venía un poco cansada pero muy feliz de haber hecho 3 seismiles en 3 días seguidos.  

 

Día 5 de celebra-reflexión: Día de descanso y mi día de cumpleaños. Lejos el mejor día de cumpleaños que he tenido. Fue un día de relajo más que merecido, día de pensar y día de sacar muchas conclusiones. Entre ellas, lo afortunada que era de poder estar en la naturaleza sin tener ninguna ocupación, más que la de comer e hidratarme. Termine de leer un libro (“En las montañas de Atacama”) para dar paso al segundo (“Usos y costumbres de los araucanos”) , me bañe en las termas y en la noche me esperaba la sorpresa de pedir un deseo y compartir una tremenda torta. Más que feliz de pasar a los 28 años con mucha energía, paz y satisfacción personal de estar haciendo en mi vida todo lo que he querido. Volvía a confirmar que tenía una vida privilegiada, en donde mi única ocupación es estar centrada en ser feliz. A la distancia agradecía a mis padres por haberme enseñado a ser todo lo que soy.  

 

Mario da las indicaciones para el gran día de mañana, ya que volvía a encontrarme con quien me devolvió a los 6.489 mts de altura

 

Día 6 el reencuentro: Partimos con toda la tranquilidad. Nada de despertar a la una de la mañana ¿La razón? El clima nos acompañaba nuevamente, así que podíamos partir más tarde con toda confianza. Desayuno a las cinco de la mañana, contundente, café, agua y partimos. A las siete y cuarenta y siete minutos partimos a los 5.900 mts.  Comenzamos la subida con mucha calma, hasta que nos dimos cuenta con Álvaro que veníamos muy bien (Álvaro ya había subido la semana pasada dos veces al ojo… S-e-c-o). Me mostró la roca en la que la última vez había quedado “tirada”, y respecto a las sensaciones estaba bien lejos de sentir lo que experimente la última vez: me sentía realmente bien y fuerte. Paramos a comer antes de llegar al glaciar para continuar con la parte, a mi parecer, más dura mentalmente. Se está a los demás 6.600 metros y se hace largo y lento avanzar. Ya se siente el cansancio y solo había que aplicar mente, mente y mente. En un momento ya no daba más, a punto de tirar la esponja, cuando veo bajar a dos montañistas. Los salude y no me respondieron. Caro me dice “Kari, no te saludaron porque vienen muy mal, a lo que agrega “vienes perfecto fuerte y constante sigue sigue”. Fue clave lo que me dijo Caro, porque en ese momento dude sobre si iba a lograrlo. Ya venía con 3 seismiles en cinco días y el cuerpo notaba el cansancio. Llegamos al famoso cráter y de frente se ve una tremenda roca que efectivamente había que subir. Nos sentamos con Álvaro y Caro a descansar y comer para darle con todo a la última parte del ojos. A lo lejos vemos a Mario y Jamy que ya habían logrado la cumbre. Justo en la trepa final se ve un grupo grande, pero llevan mucho rato y no se ve que avancen. Asumo que debe ser bien lenta y compleja la última parte. Mario baja de cumbre y viene por nosotros para subir. Nos pregunta que como estamos, antes de salir, y confirmamos que estamos óptimos para subir. Álvaro se queda con Jamy y subo con Caro. Nos fuimos a paso lento pero seguro, hasta llegar a la trepada. Los chicos me aseguran y me dan las indicaciones de cómo subir (nunca había ocupado un arnés) y comienza la subida. Admito que sentí muchos nervios y un poco de vértigo por la trepada, pero intenté solo centrarme en subir y listo: ya estaba en la cumbre. Estaba muy sorprendida por dos razones: la primera era que me sentía bien a nivel físico y de sensaciones, y la segunda era que no podía creer que lo había logrado. En ese sentido, Mario, fue un genio al habernos exigido harto en tres días. Me ayudo mucho mentalmente haberme exigido a realizar tres seis miles, con solo horas de descanso.

 

Día 7 de lectura: Merecido día de descanso, y comencé a avanzar en el texto “Usos y costumbres de los araucanos” … Buen libro. Me hidrate mucho, comí harto y trate de dejarme ánimo para lo ultimo que venía: tres cruces sur.

 

Continua en la segunda parte… 

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